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Poemas a Julia de Burgos de Miguel Ángel Beltrán

Por Virgilio López Azuán.

Desde pequeño el nombre de Julia de Burgos siempre va conmigo. Mi padre nos recitaba el poema “Río Grande de Loíza” porque le recordaba a su padre de origen puertorriqueño que nació próximo al río Grande. Unos versos que nunca olvido son los que dicen: “¡Río Grande de Loíza!… Río grande. Llanto grande. / El más grande de todos nuestros llantos isleños”.

Ahora, recibo el poemario “Julia.40” del escritor puertorriqueño Miguel Ángel Beltrán Álvarez, donde rinde un homenaje a esta insigne poeta borincana. El autor elaboró su tesis doctoral que diera lugar a un libro sobre la narrativa del escritor dominicano Virgilio Díaz Grullón. Ha escrito varias obras literarias: “Cuentos de la marina y otros cuentos”, “Entre tu piel y mi alma”, “Mujer: estandarte de la patria”, entre otros. Ha obtenido ocho doctorados honoris causa de varias universidades y es un gestor cultural internacional.

“Julia. 40”, como lo señala el autor, al referirse a sus poemas: “Son encuentros espirituales con la poeta Julia de Burgos”. El libro está compuesto por treinta poemas: Caminando en ti, Caricias y esperas, Con Julia de Burgos, Desborde, Despedida, El río y tú, entre otros.

Julia de Burgos una excelsa poetisa puertorriqueña que fue una ferviente partidaria de la independencia de la isla, antillanista, nacionalista, antiburguesa y feminista. No solo plasmó versos de amor, sino que también estimuló a las mujeres a la liberación femenina con su voz de rebeldía, precisamente contra las normas de la sociedad imperante. Esto lo dejó plasmado en el poemario Yo misma fui mi ruta.

Muchos son los admiradores de Julia de Burgos por las diferentes facetas de su personalidad. Miguel Ángel Beltrán, su compatriota, es uno de ellos. Por eso escribe Julia.40 como una demostración de lo cercano que está a los pensamientos y emociones de esta importante escritora.

Sin haber leído el libro le pregunté al autor de dónde venía el título de Julia.40. El me respondió: “Viene de punto cuarenta de fiebre y donde comenzamos a delirar”. Sin quererlo me ofreció una pauta para aproximarme a sus versos cargados de emociones múltiples y la sin par admiración por la poetisa. Precisamente en el texto encontramos el poema Julia punto cuarenta, donde el poeta le pregunta “¿Qué haces hoy en las profundidades? / Sin mí, no debiste haber partido. / Me encuentro en lo más llano de la vida / buscando el saltamontes de tus labios” (p. 21). Es un diálogo con la poetisa, es volcán de la lejanía y la ausencia que hacen erupción, dejando un vacío como de personas amadas.

Como manifiesta en los versos siguientes, en la poesía busca un escape para llevar la existencia, “buscamos en el verso el escape, para hallar condiciones de existencia”. Vemos al poeta expresar su nostalgia a modo de metáfora cuando dice: “Cumplimos con las bases concebidas, / solucionando en agua nuestro llanto / y formamos ríos de nostalgia / estipulando el tiempo para hallarnos” (P.21). Sin dudas en estos versos hay evocación, un acercamiento simbólico al poema Río Grande de Loíza de Julia y aparece en el poema Julia: Luz en la penumbra, cuando dice: “Ayer la vi recostada / a la orilla del silencio. / Se levantó, con los pies enfangados / penetrando en las largas aguas / del riachuelo” (p.37). Como lo hay en el poema Con Julia de Burgos “Recorrí el río / apoderado en cauce / de tu pluralidad / hecha fluvialidad de tu yo… de tu sino / ¡Julia! ¿Has venido tú a mi / o he llegado a ti / para ser partícipe del pacto prometido?” (p. 14).

En este poema se expresa un ruego desesperante “Arrópame en tu espíritu / préstame la tea misteriosa / que fue ofrecida por ti.” Y “Abraza mi existencia; / porque ha llegado la hora / de afrontar realidades” (p.15).

Uno de los poemas de Beltrán es Voz que surge del silencio y del espacio, el más vigoroso de todos, donde la voz de la poeta está presente en la patria y es estimulada desde las regiones poética a que siga “despertando horizontes” y “derribando barricadas” con su lucha y sus banderas: “Tienes que continuar despertando horizontes, / derribar las barricadas que interfieren / la luz de tu alborada” (p. 47).

Como es sabido, Julia de Burgos murió de pulmonía el 6 de julio del año 1953, después de desplomarse en una acera neoyorquina. Ella había sido atrapada por el alcoholismo. Por ello el poeta Beltrán escribe el poema Encargo en Madison: “Hierbe la esfera del reloj / y te contemplo en 105 calle arriba” (p.19). Y se pregunta “¿Dónde has ido, ondulante, con el tufo del barrio?” y le hace una ofrenda lírica, ingrávida, refrescante y hasta devocional: “Te he traído / un sorbo de brisa con espuma / del mar que baña / nuestros cuatro costados”.

La poesía de Miguel Beltrán es apasionada, llena de ternura y admiración. Sale un verso quemante de pasión, fervorosamente elaborado con un lenguaje que toca lo sensible y devuelve con gratitud toda su emoción estética.

En Julia. 40 la poeta se multiplica en el pensamiento literario caribeño, sigue latente su canto y su lucha; su ejemplo de mujer que vuela más allá de las dimensiones insulares. En su obra literaria el sol de sus ideales ilumina ese sendero donde la mujer se levanta y lucha en la fragua de un tiempo hostil, pero cargado de fervor patriótico y vocación lírica.

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