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Carmen Gladys Rivera Vizcaíno

Carmen Gladys Rivera Vizcaíno, nació el 23 de enero de 1943, en la calle Ravelo número 165, al lado de la panadería de Samuel Thomas. Del sector San Carlos, Santo Domingo, Distrito Nacional de la Republica Dominicana. Aprendió a leer y a escribir en la Escuela Hogar de doña Nonita, en la calle Salcedo del mismo sector. Luego ingreso al colegio Serafín de Asís, en la calle Mercedes casi esquina Duarte donde cursos hasta el sexto curso de la educación primaria, para luego pasar al Liceo Estados Unidos de Américas, en la calle México, esquina Doctor Delgado. Cuando el llamado de José Francisco Peña Gómez, ella contaba con 22 años y era simpatizante del 14 de Junio.

-Cuando Peña Gómez hablo, yo Salí para la calle, escondida de mi abuela. Igualmente, mis hermanos Héctor, los mellizos Nelson Manuel, que era cadete de la Fuerza Aérea y Rafaelito Rivera Vizcaíno, tres años mayor que yo. También mi primo hermano Néstor Díaz Vizcaíno. Todos desde el mismo 24 de abril hasta el último día de la revolución estuvimos junto al pueblo luchando contra el retroceso democrático y los vende patria de siempre. En todas las calles de San Carlos y Villa Francisca que era donde yo me movía, las gentes de todas las edades, se sentían motivadas preparando sus armas caceras para ir al puente Duarte a impedir la entrada de los tanques y la gendarmería golpista de San Isidro. Al principio el pueblo civil no tenía armas, pues las conseguíamos como podíamos. Unos se armaban de piedras, otros de puñales, tubos, tirapiedras, punzones, bombas molotov, bates y palos. Yo tome un tubo y un grupo como de vente personas de la calle Ravelo al otro día tempranito, cogimos hacia el Puente Duarte.
El 25 de abril como a las cuatro de la tarde, estando reunidos al llamado de defender la Patria, miles de civiles y cientos de militares constitucionalistas en los alrededores del Puente Duarte, con la intención de impedir el absceso a la ciudad de los tanques y las tropas terrestres de la Base Aérea de San Isidro; fuimos sorprendidos por una cuadrilla de aviones P-51 y Vampiros que inmisericordemente ametrallaban a la multitud allí reunida. Yo y un grupo nos refugiamos debajo de una escalera de una casa en construcción cerca del puente. Medió mucho coraje ver tantos cadáveres e incendios productos de los bombardeos; ante un pueblo impotente, sin armas suficiente para responder al ataque despiadado y cobarde de una aviación genocida. Algo triste que recuerdo, además de las descomposiciones de los cadáveres en todas las calles, fue cuando vi en la Avenida Teniente Amado García Guerrero hoy Avenida 27 de Febrero, esquina calle José Martí, frente a la guardería, el 25 de abril como a la 9 de la mañana, venia el Coronel de la policía Cruz Feliz en un jeep con dos policías armados de ametralladoras Thompson y el con una Cristóbal en la mano y en la esquina José Martí, se desmontaron y el coronel Cruz Feliz empezó a dispararles a quema ropa a la multitud allí reunida.
Los policías que los acompañaban se tiraron al suelo; había muchos heridos y muertos. El cargo de nuevo la ametralladora y cuando se disponía a disparar un tanque manejado por militares y civiles constitucionalistas que apareció de repente, le disparo un cañonazo que le abrió un boquete en la boca, mientras ráfagas de ametralladora 30 mm, eliminaba a los dos policías. De una vez la multitud les quito las armas a los cadáveres y fueron despojados de todos los que tenían de valor.

Yo hacía guardia en el cuartel de la Policía Judicial que estaba en la calle El Conde número 92, segunda planta. Mi hermano Nelson Manuel Rivera Vizcaíno, era el comandante de la Policía Judicial Constitucionalista. Él era cadete de la Fuerza Aérea Dominicana en el momento de la revolución y el Presidente Francisco Alberto Caamaño Deñó, lo hizo teniente. Después de terminada la revolución él estaba en hora de la noche, en la calle Ravelo esquina Altagracia, con su misma pistola 45, un tiro le segó la vida. Nadie vio nada. Así murió mi hermano un 10 de diciembre de 1965. Tenía 5 días que había cumplido 25 años de edad.

Yo vi el 15 de junio cuando los yanquis avanzaban por los barrios de Villa Francisca y San Carlos; un soldado yanqui con una bazuca en el hombro derecho, se aposto hincado en la pared del colmado que estaba en la calle Ravelo esquina Altagracia, y mirando hacia la calle Ravelo disparo a ras del suelo, matando a varias personas que estaban en las aceras a lo largo de la calle. La mayoría no eran combatientes. Al terminar la revolución el 3 de septiembre de 1965, mi vida fue un infierno. Ya que un compañero llamado Quico Vega, se pasó al Servicio Secreto de la Policía. Él vivía en la calle Los Isleños entre Ravelo y Sylvain, a partir del mes de diciembre de ese año, se cogió conmigo. Me acuso de tener una granada escondida. Después de pasearme por todos los destacamentos de los barrios de la capital, una noche me llevo al Palacio de la Policía donde me instrumentaron un expediente fichándome como terrorista.

Me soltaron porque mi familia se movió y José A. Brea Peña, quien era Secretario de Estado de Industria y Comercio, hablo con el jefe de la policía el general Brea Garo y este último me mando a llevar a su despacho y después de darme varios consejos, ordeno mi libertad. Después de eso donde quiera que yo estuviera, se presentaba Quico Vega y me revisaba la cartera dizque buscando granadas. En esa zozobra, tuve que dejar de ir a la universidad Autónoma de Santo Domingo, donde yo estudiaba.

Amén de que en ninguna empresa pública y privada me daban trabajo, ya que estaba fichada por la policía como terrorista. Tampoco podía solicitar visa. En esa situación vivía hasta que un día llego al gobierno balaguerista, Pablo Rafael Casimiro Castro, como Subsecretario de Estado de Interior y Policía y una pariente mía le hablo de mi caso y el ordeno que me quitaran la ficha. Y en el 1994, pude salir hacia Italia. Hoy a mis 72 años, vivo en la misma casa donde nací sufriendo de osteoporosis; nadie me da trabajo y no tengo pensión. No obstante, si tengo que volver a coger los hierros por la soberanía de mi patria, no vacilaría, como lo hice el 24 de abril de 1965. ¡Patria o muerte!.

Por Tirson Medrano.

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