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La poesía y el acto de conmover

Por Virgilio López Azuán

En el taller de creatividad poética que desarrollo junto algunos amantes de la poesía, alguien me preguntó qué es la poesía, y como en otras ocasiones, no le supe responder, solo me aproximo. Siempre quedo perplejo ante este cuestionamiento y no puedo evitarlo. No sé si a muchos les pasa, pero a mí me conturba, me sacude y me sorprende. Digo que si supiera definir qué es poesía me sentiría más aliviado en ese trance que es mi acto de escribir. Por eso un día solté sus posibles conceptos y he dejado que ella se auto realice, se transmute y vuele. Quise siempre hacer poesía, pero ella existía antes que yo. Siempre ha estado ahí, quizá lo que hace falta es esa comunión, ese vínculo trascendente, ese encuentro frontal que despierta el acto creativo. Que nadie lo dude, la poesía viaja como los peces en el agua, se desplaza con su manto de incertidumbres, con ese pasmo algorítmico que le abre los caminos.

Quiero hablar de esa poesía que está en las palabras y que se va moldeando en la producción del poema. Ante mi limitado acierto de definir la poesía y ante lo que denominamos poema, que suele en algunas ocasiones definirse como poesía misma, he pensado lo siguiente, para aproximarme a una descripción y digo que: “El poema es el cuerpo físico de la poesía y la poesía es el cuerpo espiritual del poema”. Visto así, ya muchos temores salen corriendo cuando me enfrento a la página en blanco. Otra cosa: También he pensado que un poema debe generar un estado de conmoción en el lector, debe conmover para que florezca la poesía.

Ahora, se presenta el caso que cada quien tiene su forma particular de conmoverse, que a unos les conmueve más un poema que a otros. Que la poesía se definiría como un acto esencialmente subjetivo, que varía de persona a persona por la naturaleza de las emociones y la sensibilidad de quien lee el poema. Así no tendría mucho sentido. Estaríamos en una definición reduccionista que no satisfaría. Pero si decimos que “La poesía es lo que es capaz de conmover a todos”, creo que nos aproximaríamos más, pero también tendría sus grados de dificultades, por los niveles de lengua y lenguaje del lector. ¿Existe un nivel le lengua y lenguaje colectivos, capaz de generar un acto de conmoción entre multitudes? Sí, existe. Esta pregunta no se refiere a la lengua y lenguaje de los colectivos populares. Eso es otra cosa. Nos referimos a esa poesía que es capaz de permear todos los niveles de lengua y lenguaje, todos los niveles sociales, élites y populares.

He escuchado a personas que cuando leen un poema dicen, es bonito, pero no entiendo lo que leo. También he tratado a escritores que lo que escriben solo lo entienden ellos mismos y nadie más, con esa aterradora capacidad de incomunicar. ¿Dónde está la poesía? A veces me pregunto.

Poesía: las claras tardes de estío.

En mis primeras lecturas de Antonio Machado encontré estos versos a las moscas: “Moscas del primer hastío / En el salón familiar / Las claras tardes de estío / En que yo empecé a soñar”. Y surgen las preguntas: ¿El nivel de lengua y lenguaje son tan oscuros que no se puedan entender? ¿Estos versos son capaces de conmover a muchos lectores? No sé cuál será su opinión amigo lector, pero comenzando por mí, los entendí y me conmovieron, me estremecieron, me emocionaron, agitaron los recuerdos de adolescencia que estaban “en un rincón del alma donde guardo la pena…”.
Ahora, reflexiono: Si la poesía para su definición se limita al acto subjetivo, a los niveles de lengua, al placer estético y a lo bello. Entonces, ¿No sería también reduccionista esta otra definición? ¡Entiendo que si! Y no solo eso que poesía sería un concepto amorfo capaz de asumir identidades y representación entre individuos y grupos.

Y viene la pregunta de todos ¿Es la poesía un concepto amorfo? Es una pregunta muy polémica, que montañas de razones se alzarán y se derrumbarán ante las opiniones tan certeras como absurdas son capaces de producirse.
En las teorías del Movimiento Literario Efluvismo se citan unos versos del poeta español Miguel Hernández (1910-1942) que dicen: “Este rayo ni cesa ni se agota: / de mí mismo tomó su procedencia / y ejercita en mí mismo sus furores”. Aquí la representación física de la poesía tiene forma de rayo y procede del mismo poeta. Aquí viene otra pregunta, y no es que sea apasionado con el método socrático, ¿La poesía nace del poeta o el poeta es un intérprete de la poesía? Sin quererlo esta pregunta me trae a los recuerdos momentos que pasara junto al Poeta Nacional Pedro Mir, cuando decía y repetía sin cansarse, que el poeta “es un intérprete de la voz del pueblo, es un intérprete popular”. ¡Claro! Recuerden que el poeta de la Patria tenía grandes motivaciones patrióticas y varias veces me dijo: “El poeta debe sentir el rubor popular y plasmarlo en sus escritos”. Si mis encuentros no hubieran sido con Pedro Mir, sino con Santa Teresa de Jesús, seguro que estuviera visitando sus moradas espirituales y ella escucharía el rubor de Dios ululando en los postigos entreabiertos que dejan los años en las viejas abadías. Lo mismo que si fuera con Sor Juana Inés de la Cruz o San Juan de la Cruz. Estos escritores de temas religiosos dirían, “el poeta debe sentir el rubor de Dios y plasmarlos en sus escritos”. Los poetas rusos, los cantores de la revolución bolchevique, o los de poetas y cantores de la nueva trova cubana dirían otra realidad, otros sueños, otras ilusiones con sus matices de sensibilidad social. Todos estos poetas eran capaces de conmover al lector con muchos de sus escritos. No solo a una o dos o tres personas sino a muchas personas, en muchas épocas.

La poesía trascendente

Una poesía trascendente es cuando es capaz de reinventar el lenguaje, de auscultar las regiones más recónditas del arte, de conmover y, sobre todo, de permanecer en el tiempo y conquistar los espacios y la gente. No importa la temática que trate, de donde venga y de quien se hable. Por ejemplo: Hay un poema de Federico García Lorca titulado “Llanto por Ignacio Sánchez Mejía”, que independientemente de las motivaciones que tuviera el poeta para escribirlo, que trate un hecho conmovedor de las corridas de toros, que estremezca las fibras sensibles, que sea Lorca quien lo escriba; deja ese espacio abierto donde se han vaciado todos los días del mundo a las cinco de la tarde. Si los fulgores de la poesía no están cerca en estos versos, ¿Dónde estarán? Nadie como Lorca podría decir: “Y su sangre ya viene bajando: / cantando por marismas y praderas, / resbalando por cuernos ateridos, / vacilando sin alma por la niebla, / tropezando con miles de pezuñas, / como una larga, oscura, triste lengua, / para formar un charco de agonía”. Cuando se leen estos versos se olvida la cornada, se desrealiza el drama y solivianta la imaginación llevando al lector por una calleja de sangre agitada en ríos y charcos. Indiscutiblemente que lo que llamamos poesía ronda muy cerca, si para usted poesía es ente y representación.

En mi experiencia poética las cinco de la tarde es la hora de Ignacio Sánchez Mejía, como bien la ha bautizado el destacado comunicador Álvaro Arvelo hijo. Puede que esa hora me atrape en una calle de Madrid, en Cartagena o en la zona colonial de Santo Domingo. Puede que a esa hora el crepúsculo entre nubes se dispute la entrada a la noche con su cabellera amarilla y cobriza. No importa. Esa es la hora de Ignacio Sánchez Mejía, la hora de la cornada fatal que despertó el acto creativo del poeta. Y esa poesía es percibida por mí. Pero ¿qué tal si usted no lo percibe así? ¿Eso quiere decir que no exista la poesía? Es posible que en una lectura “a letra muerta”, ese mundo fascinante del arte se agazape, que el lenguaje sea cubierto por grises cabelleras, que no se reciba el destello, el fulgor que debe irradiar la creación. Si usted conoce la lengua, si ha desarrollado campos de interpretación y sensibilidad lingüística lo más seguro es que usted sea bañado por los furores poéticos. En definitiva, como lo he expresado alguna vez, lo poético es un estado que es sentido o percibido por el individuo humano. Es una especie de “paraíso”, a la manera de plenitud. Ese estado es y será siempre momentáneo, pero bien pudiera prolongarse como forma vital con la comunión con todas las cosas. Ese estado no solo se logra con el arte, con la poesía en este caso, sino con la comunión divina, la contemplación, la naturaleza y hasta la adoración.

La poesía existe

La poesía existe, el poeta lo que hace es que la reconstruye, le da forma, saca de las palabras aquel halo que luego convierte en rayo iluminado por medio de la lengua y el lenguaje. Dentro de sus médulas el poema lleva consigo la poesía, son dos materias inherentes. Es posible que un cuerpo de palabras pretenda sugerir el arribo poético del material sensible, principalmente aquel que proviene de la realidad, los sueños y la imaginación. Pero ese material sensible debe consumarse, acrisolarse en el lenguaje, traslucir las cortinas multicolores de la esencia. Si no lo hace será para siempre un armazón de palabras con sus cargas borrascosas.

Pero ¿cómo producir ese material poético? Para ello, los creadores han ingeniado, movimientos, tendencias y corrientes, todos en busca de formas y expresión. Han planteado estilos y disciplinas de pensamiento, se han rebelado contra los estados de las cosas, han levantado su voz hasta la ronquera y se han envuelto en estados de reglas y paroxismos, solo para que la poesía florezca entre las palabras. Y esa poesía para mí, vendrá con esa capacidad de conmover, de conmoverme, siempre.

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4 comentarios

  1. No hay duda que la poesía existe, y puede ser comprendida, incluso creada después de una explicación como se muestra en este artículo. Mis respetos ilustre creador, usted es un artista de la palabra y el pensamiento.

  2. Excelente artículo. Ese lenguaje que utiliza lo delata totalmente, y nos hace entender que la poesía existe y que el poeta toma del contexto las situaciones y circunstancias.
    De esta forma llega a conmover al lector que lo identifique o que por su nivel de lengua los entienda.

    Su estilo me conmueve.
    Su fiel admiradora estimado poeta.

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