Opinión

Lofoscopia forense, método identificativo por excelencia

Las huellas, en especial las huellas dactilares, han venido a significar para nuestro día a día una pieza clave para la identificación del individuo, desde un simple desbloqueo de pantalla de un teléfono móvil, hasta en el reconocimiento estandarizado de individuos en espacios públicos y privados como el trabajo o controles de seguridad de aeropuertos, volviéndose progresivamente indispensable para la vida misma.

Estos dibujos formados por las yemas de los dedos de las manos y diferentes partes del cuerpo no son ajenos al campo de la investigación criminal, y por largos años han sido objeto de observación para fines identificativos de personas relacionadas con hechos delictivos, debido a que es imposible que dos personas posean la misma huella dactilar u otros relieves epidérmicos del cuerpo, lo cual ha resultado de gran significación, es por ello que se ha creado un campo particular para estudiarlas con detenimiento conocido como lofoscopia forense.

La lofoscopia forense es la rama de la criminalística que se encarga del estudio de las crestas papilares de un individuo con fines identificativos, es decir, para conocer la relación de una persona con una escena del crimen en específico.

Esta ciencia forense no solo estudia las crestas papilares de una sola región corporal en particular, sino que se subdivide en varias ramas específicas según el área del cuerpo que se vaya a estudiar. Entre ellas se pueden destacar la Dactiloscopia, que estudia las crestas papilares de la yema de los dedos, la Quiroscopia, que se encarga del estudio de las crestas de la palma de la mano o la Pelmatoscopia que estudia las crestas de las plantas de los pies.

Las huellas localizadas en diferentes superficies en un hecho delictivo son conocidas como huellas latentes o huellas superficiales, de acuerdo al soporte en el que se encuentre y la forma que tenga la misma. Las latentes son todas aquellas huellas impregnadas sobre un soporte gracias a las secreciones de materia sebácea y el sudor que se depositan sobre una superficie; y las artificiales, que son huellas que se encuentran sobre un soporte debido a que sobre las crestas se encuentra alguna sustancia que hace posible su reproducción (sangre, grasa, tinta, polvo, entre otros).

En la escena del crimen, el papel del perito es determinar qué tipo de revelador químico o físico será necesario para el revelado de las huellas, es decir, que sustancia deberá utilizar de acuerdo a la superficie y las condiciones en la que se encuentre la huella que permita su visualización para su posterior estudio. Entre estas sustancias se destacan el Polvo magnético, Nitrato de Plata, Ninhidrina, Flavina, Cianocrilato, por mencionar algunos.

Una vez se logre revelar la huella, se debe obtener la impregnación de la misma para su recogida sobre otro soporte, y proceder a su envío a laboratorio para análisis. Igualmente se debe lograr, con la ayuda de un fotógrafo forense, la debida toma de imágenes de las mismas.

En la fase de análisis de laboratorio, la huella encontrada en la escena del crimen pasa a conocerse como huella dubitada, puesto que aún no está identificada, y se procede a cotejar con huellas que si se encuentran identificadas (huellas indubitadas) ya sean por descarte, cotejo con sospechosos detenidos, cotejo con las bases de datos de huellas en sistema nacionales o internacionales como el SAID (Sistema Automático de Identificación Dactilar) o de otros candidatos aportados por las bases de datos.

De la misma manera, el perito forense se encarga de analizar la huella dactilar u otro tipo de huella mediante el estudio de los puntos característicos de cada línea de la cresta papilar, así como también sus posibles alteraciones.

El trabajo del experto debe culminar con la realización de un informe pericial con su respectivo cotejo gráfico-lofoscópico, donde se llegue a la conclusión verificable y demostrable de si identifica o no la evidencia recogida en la escena del crimen, de todo lo cual se presentara al Tribunal competente.

El hallazgo de lograr identificar a una persona en base a su huella dactilar u otro elemento identificativo de alguna cresta papilar, no logra ser lo suficientemente vinculante para lograr determinar la culpabilidad o condena de un individuo, puesto que una huella no significa que esa persona haya realizado el crimen, sino que simplemente estuvo en el lugar de los hechos.

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