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Responsabilidad Social del Periodista

Por Ramón Diloné

A propósito del llamado a los periodistas a la censura de la vocera de la presidencia, escribimos el presente artículo que creemos oportuna su reproducción frente al anuncio del gobierno de un «Diplomado en Periodismo Ético», puesto que entendemos que en el país pocos tienen calidad moral para hablar de ese sacerdocio de vida profesional, puesto que la ética no se compra, se práctica a lo largo de un ejercicio sólo comprometido con los mejores valores de la sociedad y, sobre todo, con la verdad.
Recordamos que la ética no viene en un cartoncito vestido de título. Eso jamás es sinónimo de ejercicio serio, honrado y comprometido con la verdad. La se ética se práctica y se enseña con un ejercicio periodístico social responsable. Además el ejercicio ético del periodismo, nunca puede conciliar con el poder.
El artículo dice que en ningún otro momento de la historia el periodismo fue tanto noticia como ahora, porque en la actualidad los discursos políticos, económicos, religiosos, históricos, deportivos, educativos, literarios y tecnológicos se ocupan de la crisis de los medios de comunicación, de la realidad del ejercicio de la profesión de periodista y de la responsabilidad de los medios y de los periodistas frente a la sociedad.
Es preciso señalar que la República Dominicana no escapa a esa realidad mundial, donde hacer periodismo es informar sobre el propio periodismo.
La historia de que los periodistas no son noticia, ha terminado, pese a que no hay películas sobre periodistas honestos, pero si existen muchas sobre políticos corruptos.
Se debe señalar que el país vive una situación muy difícil, debido a que la mayoría de los medios y de los «periodistas», no cumplen con su responsabilidad social de búsqueda de la verdad.
Esta es la razón por la cual los medios y los periodistas se distancian de su misión social, pero tenemos que resaltar que el periodismo es, y será siempre, un oficio de honrados y de valientes. Ahora, en la búsqueda de ese ideal, las escuelas de comunicación social y el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) no cumplen con su rol de orientadores éticos.
En el pasado, los medios de comunicación, en especial los periódicos, fueron «armas» temibles y peligrosas, porque el periodismo se ejerció como contrapeso del poder político, económico y religioso.
Es preciso resaltar que en el país, en lo que va del siglo XXl, se ha escrito una historia muy distinta, porque muchos de los medios, así como la inmensa mayoría de los periodistas, son cómplices de la corruptela de los gobiernos.
A esa dramática realidad, debemos agregar que ha bajado el nivel de preocupación de las escuelas que forman «los periodistas» y del CDP por los problemas éticos del periodismo y de la sociedad.
Aunque los políticos y los periodistas siguen en el centro de la vida social, los últimos cada día que pasa se alejan más de su rol social de búsqueda de la verdad, porque están juntos con los políticos, con los cuales comparten el desdén de una ciudadanía olvidada a su propia suerte.
La situación se verifica porque el periodismo ya no es el contrapunto del poder político y económico, sino su cómplice, proceso que en la República Dominicana se acelera en la segunda
década del presente siglo.
Lo expuesto se debe a que nada como «el dinero y el poder” para desvincular a los periodistas y a los medios de los ciudadanos comunes. Esta es la razón de por qué existen medios y periodistas que son «peajes o aduanas privadas», donde nada se difunde sin dejar el «impuesto de lugar».
La desaparición del periodista como mediador social, es una reivindicación de los sectores más poderosos y de los políticos corruptos, porque cuando el periodista actúa con responsabilidad, apegado a los principios éticos, es el garante ideal para que la ciudadanía pueda conocer la veracidad de los hechos.
Tenemos que indicar que el periodismo es, en esencia, mediación social y selección constante de los temas que afectan a una comunidad, al país o al mundo.
Como la teoría de la responsabilidad social indica que los medios y los periodistas estamos obligados a cumplir con la misión de orientar de forma correcta a la sociedad, es pertinente que señalemos que ese postulado se convierte en letra muerta en nuestro país.
Lo peor del caso es que, hasta ahora, los gobiernos que van desde el primero de enero del 2000 hasta el 16 agosto del recién finalizado 2020, no tienen calidad moral para llamar a capítulo a los medios y a los periodistas descarrilados, puesto que fueron los principales auspiciadores de la muerte del periodismo comprometido con la justicia social.
La crisis es mayor porque tampoco el CDP puede poner frenos, debido a su debilidad institucional y al grave cuestionamiento de sus dirigentes.
Frente a la dura realidad expuesta, las escuelas de comunicación tienen que aumentar su batalla en aras de formar un profesional con capacidad crítica, que reflexione sobre la necesidad de un periodismo ético que desempeñe el papel de promotor de una ciudadanía responsable.
Y es posible que algunos lectores nos quieran preguntar qué pasa con el Código de Ética del Periodista, nada, los primeros que lo tiraron a la letrina, son quienes han dirigido el CDP en lo que va de siglo.
Queremos significar que el avance de las tecnologías de la información y de la comunicación, propicia la aparición del periodismo digital, el cual a veces es más participativo que el tradicional, pero otras veces tiene tendencia a ignorar el poder de las masas, por sus compromisos con los poderes económicos y políticos.
Es una obligación que recordemos que un porcentaje importante de los «nuevos medios» pertenecen a los grandes consorcios que dominan el mercado nacional e internacional de la industria de los medios de comunicación, empresas que como negocios que son sólo buscan el lucro de sus dueños.
Como señala el periodista español Arcardi Espada, el periodismo digital en su opinión más crítica incorpora el sintagma de periodismo ciudadano, lo que constituye un simple pleonasmo si nos atenemos a la concepción tradicional del periodismo, el cual siempre lo hacen humanos para humanos.
Es de lugar que indiquemos que su formulación revela el descontento de un sector social importante con la evaluación de un oficio que nació entre los ciudadanos, pero que ha terminado viviendo con el poder político y económico.
Las nuevas tecnologías no liberan a los periodistas ni a los medios de comunicación de los viejos compromisos sociales que establecen un ejercicio sólo comprometido con la verdad. Esta es la razón por la que debemos mantener la lucha por la vigencia de un periodismo contestatario comprometido con el bienestar y el progreso social de todos.
Los medios tradicionales tienen que entender que el periodismo digital no es su enemigo, realidad por la que deben luchar para adaptarse a las nuevas oportunidades tecnológicas y de trabajo participativo que ofrece el periodismo digital, pero eso tienen que hacerlo sin renunciar a sus compromisos sociales.
En el escenario planteado, es que las escuelas de comunicación juegan un papel protagónico para inculcar en los nuevos profesionales, que los periodistas tienen que mantener una ética de la noticia, porque su primera obligación es con la verdad. Ahora, esto requiere de un ejercicio leal a la ciudadanía, realidad por la que debemos mantener nuestra independencia con los que nos pagan sin violentar la ética.
En el país la situación es compleja porque los medios no siempre están del lado de la verdad, ya que cada medio crea su conjunto de verdades y olvida que noticia es lo que la comunidad, la población o la ciudadanía necesita para afrontar la situación que vive.
En la realidad planteada, tenemos que señalar que no sólo está en peligro de muerte la noticia, sino la libertad de prensa y la libertad del pueblo dominicano a ser informado como debe ser, apegado a la verdad.
Al hecho de que muchos «periodistas» olvidaron su responsabilidad social, debemos agregar la dramática realidad de la convergencia, ya que los principales medios del país son controlados por cuatro o cinco grupos (familias), lo que limita aún más el libre ejercicio del periodismo.
La realidad se complica porque las instituciones que nos representan, son en extremo débiles y sus dirigentes carecen de liderazgo. Esta es la razón por la que el periodismo dominicano se parece a esos funcionarios corruptos, a los cuales la ciudadanía quiere encontrar apuñalados en un callejón oscuro para terminar de rematarlos.
Otros problemas graves del periodismo digital es que reduce la rentabilidad de los medios tradicionales y aumenta la corrupción, porque hay menos controles sobre las publicaciones que se hacen. También la convergencia de los medios o su transformación en multimedia, baja de forma considerable los puestos de trabajo, lo que hace que el Estado pase a ser el mayor empleador, realidad que aumenta en forma alarmante la corrupción entre los medios y los periodistas en el presente siglo.
Un cambio significativo es que mayoría de los periodistas que egresan de las universidades pertenecen al sexo femenino, lo que indica que está a punto de desaparecer el postulado de que el periodismo es un oficio de hombres. Esto constituye un aliento porque en el área, las mujeres son menos corruptas que los hombres.
Pese al fúnebre panorama que hemos descrito, el periodismo comprometido no va a desaparecer. Creemos que la especialización se apodera de gran parte del periodismo, pues ya la mayoría de los medios tradicionales se han transformado y han encontrado nuevas formas de hacer periodismo, debido a que poco a poco vuelven al periodismo de investigación.
Los medios y los periodistas están obligados a volver a conectarse con sus fuentes, premisa que es un imperativo ético y moral del nuevo periodismo que practicamos.
Los medios y los periodistas tienen que volver al camino de búsqueda de la verdad. Es el momento de volver al periodismo comprometido con la sociedad.
El auge del periodismo digital y la complicidad entre políticos y periodistas corruptos, no es el fin del periodismo. La crisis actual es sólo el fin de un modelo de negocio que lo daña todo.
Si ha llegado el cambio, entonces hay que escribir una historia diferente, en la cual el gobierno no se vea en el dilema «de pagar para no matar» o de recurrir a los corruptos vocingleros de los últimos 20 años.
Hay que mantener la vigencia del periodismo socialmente responsable. El gobierno, las escuelas de comunicación, el CDP y las demás instituciones vinculadas a la industria de los medios de comunicación social, deben garantizar la libertad de prensa y promocionar un ejercicio ético para que el periodista vuelva a ser un observador independiente del poder y cumpla con su responsabilidad de informar apegado a la verdad, porque es un imperativo de la hora que los medios redefinan sus valores para que juntos a los periodistas honrados se puedan acercar a la ciudadanía, para que así su misión informativa ayude a mejorar la vida pública.

Por Ramón Diloné

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