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Ángel Dioris Otra Dimensión

Por: Amalia Perez Mejia

«Hay otra dimensión desconocida
Más fuerte que la muerte y que la vida
Más sustancial que el mundo y su belleza
Que nace y muere siempre donde empieza
Estar como se está, como se siente
Es más claro y más negro que decirlo
Que tratar de explicarlo
Por eso ya no sigo
Sólo quise decir:
Que es tremendo estar vivo…….. »
Silvio Rodriguez

Conocí a Dioris Ariel finalizando el 2019, un muchacho imberbe con mirada tierna, cada vez que hacía contacto con sus ojos me quería quedar un rato más, refrescando mi dura mirada con la dulzura de la suya.

Era tan liviano, tan simple, tan sereno, era un ser casi etéreo, de esos que pasan y te dejan una luz rodante por largas horas. Hablaba tan pausado que cautivaba en la espera de la otra palabra, era como un enviado, parecía el celaje de una mariposa azul, había que pegarse a su cuerpo para escuchar el susurro que salía como notas de la caña de un saxofón.

Todo el cuerpo profesoral pasaba a saludarle donde él se apostaba, es como si quisiéramos lavar tantos pecados con su sonrisa, era algo así como «Remedio la bella» de la novela Cien Años de Soledad de Gabriel Garcia Márquez.

Un día llevó sus tres hijos al salón de profesores, entonces fue más claro el desvarío, este muchacho no es un ser ordinario si no, más bien un alma pura que hasta sus vástagos eran luminiscentes, expedían una luz ultravioleta fosforescentes que «encandilaba» a quien miraba de frente a los cuatro.

Esa emisión de luz, sin ultrasonidos, duro poco en la faz de esta tierra, como era de esperarse. Por eso una mañana soleada tocó un cable que provocó la excitación de su fluorescencia y se dio la combustión que emitió un fotón de luz.

Así partió nuestro Dioris, envuelto en su propia luz, se marchó sólo, sin tantos planes, no quiso concluir la obra en este plano oscuro y convulsivo. Decidió partir envuelto en su nobleza halado por su cálida mirada de tul.

Quién aquí no aprecio la belleza de su espíritu, no volverá a encontrarlo, porque está reservado para ser entrenado como ángel, pertenecerá al bastión de Uriel o de San Rafael, es que no se espera menos de un ser tan éter como Dioris Ariel. Él no podía seguir pisando el mismo piso que pisan los corruptos despiadados y despilfarradores del bien común.

Ya no quiso traspasar los umbrales de una nación contaminada por un virus, no varios parásitos que sesgaban la pulcritud de un noble guerrero inspirado por el servicio. Regaló la fuerza profunda de su amor a sus estudiantes y sus congéneres.

Hoy evocamos con tristeza a quien se perpetuo en las entrañas de nuestros desaciertos, recordaremos por siempre a un ángel que se paseó entre tantos pecados y yéndose ileso.
¡Si su bondad no hubiese hecho contacto con la energía luminiscentes que expide aun su cuerpo, hoy estaríamos planeando iniciar el próximo semestre con la inmensidad de su luz!

¡Hasta siempre Ángel Dioris Ariel…!!!!

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