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Tensiones en la COP30: financiamiento-fósiles y la ausencia del mayor contaminante del mundo

Miércoles, 18 de noviembre del 2025 por Isidro Valdez

A dos días del cierre, la ausencia de EE.UU. complica la búsqueda de un acuerdo global.

BRASIL (BELÉM, PARÁ) – La COP30 entró oficialmente en su fase más crítica con Brasil intentando acercar posturas entre delegaciones profundamente divididas por dos temas centrales: el futuro de los combustibles fósiles y el financiamiento climático. A solo días del cierre, las negociaciones avanzan bajo tensión y con un elemento que pesa en el ambiente: la ausencia de Estados Unidos, históricamente el mayor contaminante del planeta y actor clave en cualquier acuerdo global.

Brasil, como anfitrión y mediador, acelera las conversaciones con la expectativa de lograr avances antes de la llegada del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Su estrategia incluye un borrador que propone triplicar la financiación pública destinada a adaptación para 2030-2035 y establecer “hojas de ruta” que guíen la reducción gradual de la dependencia mundial de los combustibles fósiles.

La propuesta ya cuenta con el apoyo de más de 80 países, aunque productores de petróleo y varios estados árabes mantienen fuertes reservas, especialmente respecto al rol del gas fósil como “combustible de transición”. Colombia, por su parte, asumió un papel destacado impulsando una declaración para acelerar el abandono del petróleo, gas y carbón.

Comunidades indígenas y activistas ambientales tomaron las calles para reclamar acciones climáticas reales.

Las negociaciones han estado acompañadas por la presión de organizaciones indígenas y ambientales, que exigen compromisos más ambiciosos y alertan que el borrador brasileño todavía carece de metas, fechas y mecanismos sólidos de cumplimiento.

El otro eje que domina la cumbre es el financiamiento climático. Los países en desarrollo insisten en que los recursos comprometidos en la COP29 – 300.000 millones de dólares anuales, deben provenir fundamentalmente de fondos públicos, no de préstamos privados que agraven sus deudas. Su demanda final apunta a movilizar 1,3 billones de dólares anuales para enfrentar la crisis climática. Aunque se han anunciado inversiones privadas multimillonarias, estas no sustituyen la necesidad de fondos públicos estables.

En este escenario, la ausencia estadounidense marca un vacío político y financiero difícil de ignorar. Para muchos delegados, sin la participación activa del mayor emisor histórico de gases de efecto invernadero, cualquier acuerdo corre el riesgo de quedarse corto frente a la urgencia climática global.

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