Literatura

Leopoldo Minaya: Hurgando en la energía poderosa que dimana de su brillante lírica

Por Luis Quezada
Dedicatoria
A mi entrañable amigo
Leopoldo Minaya
que me ha enseñado tanto
con su vida y su trato, que la vida es poesía,
creación y camino hacia la novedad total.

I. Un introito necesario.

Lo primero que admiro en Leopoldo Minaya es su don de gente. Es todo un caballero, de finísimo trato, de exquisitas relaciones humanas y de diáfana amistad.
Lo segundo es su prodigiosa memoria, capaz de recordar cientos y quizás miles de poemas de los más diversos autores nacionales como extranjeros.
Lo tercero es su límpida y delicada capacidad de declamación. Estoy ante uno de los mejores declamadores que he conocido.
Lo cuarto, es que él tenemos un brillante poeta, de lírica deslumbrante y abrasadora.
Valga este introito cardinal sobre la persona de Leopoldo Minaya, de quien me precio ser su amigo y compañero en insaciables búsquedas dentro del Movimiento Interiorista, para ponderar en este limitado ensayo, el amplio caudal de su producción poética.
En su obra La Sabiduría Sagrada, el Dr. Bruno Rosario Candelier destaca con su brillante mirada exegética, “el simbolismo místico de su obra estética” (Pag.409).
Mi limitado aporte consistirá en reconocer y validar las ricas vetas interiores que alimentan esta lírica trascendente, fijando mi atención en apenas nueve poemarios de este gran creador estético, que juntas suman más de 795 páginas. He aquí los títulos de los nueve poemarios a los cuales me voy a referir:
1. Los cantos sagrados
2. La hora llena
3. Preeminencia del tiempo
4. Poemas imaginarios
5. Oscilación del péndulo
6. Historia de la doncella que fue a la guerra
7. La canción de Angelina
8. Historia del niño René Rosales y de la flauta
9. Cuento de los dos quijotes
Los 5 primeros los podríamos denominar poemarios adultos; y los 4 restantes, poemarios infantiles.
Este novenario de poemas, debo confesar de entrada, me sobrecogió, pues estamos ante un poeta poco común, que rompe los moldes convencionales, de una diversidad lírica sorprendente y de una calidad estética prodigiosa.
Voy a abordar su talante poético desde aquellas competencias en las que puedo aportar algo significativo a la comprensión de su obra. No soy un académico de las letras, mucho menos un filólogo y por tanto mi exégesis literaria no puede orientarse en este sentido. Me permito acercarme a Leopoldo Minaya desde mi doble competencia como filósofo y teólogo, para deshilachar el grueso hilo conductor de su lírica que nos hace aglutinar varias disciplinas estéticas: al arquitecto que diseña nuevas posibilidades espaciales y ambientales; al escultor que macera pacientemente el duro mármol, la resistente roca o la delicada madera; al pintor que vierte en el lienzo la magia creadora que va coloreando y contorneando su pincel; en fin, se conjugan las más variadas expresiones que pueden realizarse de ese trascendental del ser que llamamos la estética.
Coincido con Hans Urs von Balthasar al poner la estética en el centro de su reflexión filosófica y teológica. Este autor me ayudará a mirar en profundidad la penetrante lírica de Leopoldo Minaya, a la que paso de inmediato a intervenir, como se entra, con toda la asepsia necesaria, a un quirófano, para abrir el interior de un cuerpo poético donde no vamos a extirpar dolencias sino riquezas latentes que al desentrañarlas se convertirán en las poderosas vetas patentes de su gran ingenio literario.
II. NUEVE OBRAS Y UN SOLO AUTOR
Visualizo en la poética de Leopoldo Minaya los tres caminos planteados por Bruno Rosario Candelier para acercarse al Misterio: el mito, la metafísica y la mística.
Hay en nuestro vate nagüero, ahora banilejo, pero siempre dominicano y universal, una poesía mítica, que se refleja sobre todo en sus cuentos versados y sus hermosas fábulas líricas. Aquí, Leopoldo Minaya quita el velo de su interioridad y deja visualizar su rica y fértil imaginación creadora a través de sus poemarios, de verdaderos paraísos infantiles.
En segundo lugar, hay en él una profunda poesía metafísica, de un creador que desde la estética busca descifrar los códigos de la existencia humana. En ese sentido es un verdadero poeta existencialista.
En tercer lugar, estamos ante una sublime poesía mística, que busca “al desnudo” el Misterio, sin mediaciones, sin glosas, sin estereotipos. Me recuerda a Francisco de Asís, cuando pedía “un evangelio sin glosa”.
Haré una apretada síntesis de los nueve poemarios de los que me sirvo para adentrarme en la lírica de Leopoldo Minaya, siempre enfocado en la perspectiva filosófica y teológica que deja traslucir su creación estética.

1. Los Cantos Sagrados y otros poemas.

Este poemario de 97 páginas, el cual me sirvo de su tercera edición revisada en 2020 se divide en dos partes:
En la primera parte: “Cantos sagrados”, el autor presenta lo que él llama “cinco efusiones y raptos”; y “once versiones esenciales libres” del libro de los Salmos, que tienen en David a su “patrono” más que su autor. Leopoldo Minaya, para los salmos bíblicos se vale de la traducción llamada “La Biblia del Oso”, de Casiodoro de Reina, que se apega muy literalmente al texto hebreo, aunque pierde en belleza lírica al traducir. Recordemos que los salmos son simultáneamente, poesía orante u oración poética.
En la segunda parte: “Otros poemas”, se refieren a trabajos recogidos de poemarios anteriores, como “La hora llena” y “Preeminencia del tiempo”.
Es curioso cómo Leopoldo Minaya se refiere en esta obra a los trascendentales del ser:
Bien: virtud cardinal
Belleza: aspiración esencial
Verdad: bien y belleza supremos
Digo curioso a este acercamiento, porque se trata de un creador que se expresa desde un registro estético, y sin embargo pone la verdad como “bien y belleza supremos”. Y no es raro. Leopoldo Minaya es un buscador de la verdad, un insaciable escudriñador del sentido de la existencia humana y cósmica. Por eso, la búsqueda de la verdad es su norte, como lo expresan estos versos:
La Verdad es la belleza inmanente,
la belleza eminente,
la belleza evidente
y la belleza quiescente (Pág.9).
Leopoldo Minaya afirma que “la belleza no cabe en el poema ni en la oración” (p.9). La estética siempre desborda los moldes líricos que creamos.
En su primer poema, “Arrebátame la toga y el bastón”, de sutil sensibilidad humana, concluye el autor con un verso de fuerte dimensión orante:
¡Por la sola dispensación de tu vasta Misericordia…
Y nos salves a nosotros de nosotros (p.12).
Hans Urs von Balthasar pone en el centro de su verdad teológica la estética, mientras que Leopoldo Minaya pone en el centro de su estética poética la verdad “a secas”.
En su segundo poema, “Acuérdate Señor”, de profunda sensibilidad social, me recuerda las lacerantes críticas del profeta Amós, a quien muchos llaman “el aguafiestas de los ricos”. Valgan estos versos:
Perdona si te ofenden mis palabras,
Pero un día persigue al perseguidor,
Oprime al opresor,
Roba al ladrón,
Juzga al juez,
Calla a los que callan,
Ponles leyes a quienes ponen leyes,
Haz confesar al confesor,
Somete a los abusadores
Y levanta a los seres maltratados y vencidos,
Sin encimarlos,
Para que no se revierta la opresión
Y porque todo hombre encimado es una plaga (p.17).
En su tercer poema, “La voz del ángel”, con exquisito sabor agustiniano, se refiere así en uno de sus versos al Misterio:
Dios es el Uno Múltiple (p.19)
Este verso es de por si una fórmula teológica trinitaria, pues en Dios coexisten la unidad en la diversidad y la diversidad en la unidad. Dios es “tri-uno”, como lo llamara el genio de Hipona.
En su cuarto poema, “Dios y los hombres”, Leopoldo Minaya presenta a Dios como aquel que “lo desborda todo”: las doctrinas, los dogmas, las religiones. Yo añado: las ideologías, las culturas, las civilizaciones.
Su quinto poema, que denomina “Tríptico”, me recuerda al Job bíblico:
Envejezco y declino
Me marginan y me agreden
Empobrezco y me arruinó.
Señor, te doy las gracias. (p.30)
Me siento acogotado, por razones de la brevedad a que me obliga este ensayo, en dejar de estos 5 primeros poemas, verdaderas “efusiones y raptos”, muchas vetas que podrían aumentar el caudal teológico que yace incrustado en la estética lírica de Leopoldo Minaya.
El segundo momento de la primera parte de este libro que estoy citando, titulada “Versiones esenciales libres de los Salmos de David”, que, al decir del autor en sus palabras liminares, “quieren ofrecer al hombre de lengua castellana una versión fácilmente memorizable y para nada ociosa de esos milenarios cantos”.
Los salmos escogidos son once: 1 al 6, 9 al 11, 13 y 15 los he disfrutado como biblista, pues su versión es de por sí una hermenéutica de esos 11 salmos. La teología se construye con dos ojos “ante et retro culata”: un ojo que mira el ayer (exégesis) y otro ojo que mira el hoy (hermenéutica), pues estamos ante textos que no son “letra muerta” sino “palabra viva”.
Siento la tentación de comentar los once salmos seleccionados y adaptados literariamente a nuestro tiempo por el autor, pero me encadeno de nuevo a los márgenes del tiempo.
Con respecto a la segunda parte de este primer tomo que comento, que el autor titula como “otros poemas”, apenas puedo insinuar en insinuantes ráfagas, su trasiego teológico.
El primer poema, “La piedra existencial”, es obviamente de carácter metafísico.
El segundo, “la oda sagrada”, es de raigambre teológica. Me siento tentado en aludir dos versos:
Desembocamos en la luz…
El espíritu escupe eternidades (p.65)
El tercer poema, “La confesión real”, es un desafiante poema penitencial, como lo reflejan estos versos:
Bajo el ala secreta del secreto…
Pero dilo en voz alta…
Echa fuera el silencio (p.67)
El cuarto poema, “Tanta materia”, podríamos considerarlo un verdadero poema cósmico.
El quinto, “Génesis”, es un poema originario. Disfrutemos algunos de sus versos:

Estoy aquí
desde el Principio.
Soy el origen y la luz.
Soy el centro y la causa infinita.
Soy la razón de ser de la ecuación.
Soy la cuerda y el arco.
Soy el pez y la red.
Soy el eje del tiempo.
Soy el ir, y el volver….
Los dos poemas titulados “Hijo Pródigo I y II”, son poemas de encuentro con la fuente luminosa y amorosa que nos deslumbra y nos desborda.
“La reflexión de Saulo” es un poema metanoico, es decir, de búsqueda de la conversión.
“Retablo”, el siguiente canto lírico, es un poema hermoso que resalta el regreso al cálido hogar del rebaño, del cual se había alejado el corderillo.
Con “Tócame y sálvame”, estamos delante de un poema místico. Al leerlo, me pareció estar saboreando El Cantar de los Cantares. Así dice el cierre del mismo:
¡Haz que brote el cantar más solemne, deshazme!
Pon tu pecho en mi pecho y el milagro concédeme:
¡morir por ti, por siempre, por lo perfecto! ¡Llágame! (p.83).
“Acto de contrición”, el undécimo poema, es otro canto con sabor penitencial.
Finalmente, “En la muerte de Abel”, el autor concluye:
Primero fue Caín antes que todo.
Y luego Dios, la voz de Dios, lo inevitable
de la voz de Dios… (p.87).
El poeta no explicita cuál es “la voz de Dios”., pero lo deja insinuado.
El biblista sabe que la pregunta más importante que Dios le hace a los seres humanos no es ¿Dónde está Dios?, sino ¿dónde está tu hermano?
Y la respuesta más antibíblica es la que dicen siempre todos los caínes: ¿Acaso tengo que ser yo el cuidador, el niñero de mi hermano?
Luego, Leopoldo Minaya presenta tres fórmulas, signadas a manuscrito:
Unidad y lucha de los contrarios
Reales potencias y raíces
Real teorema del Residuo
Y concluye su libro “Los cantos sagrados y otros poemas” con “Apocalipsis”. Curiosamente, dos versos continuados de Leopoldo Minaya muestran las dos grandes interpretaciones que secularmente se han dado al texto:
Todo será cambiado
Todo será demolido (p.93)
El autor de este comentario se suscribe teológicamente a la primera afirmación.

2. La hora llena.

A este libro, Leopoldo Minaya lo subtitula “poemas de amor, pasión, locura, redención y muerte”.
Consta de tres apartados con 51 poemas en total:
Designios: 15 poemas
Azares: 22 poemas

Figuraciones: 14 poemas.

Este libro inicia con un amplísimo prólogo de Bruno Rosario Candelier, donde acentúa “el simbolismo trascendente en la poesía de Leopoldo Minaya”.
Como es imposible comentar los 51 poemas, escogeré uno de cada una de las tres secciones del libro.
En la primera sección, Designios, me limito al poema inicial, “El último regreso”. Solo a la imaginación y creatividad desbordante de un poeta como Leopoldo Minaya se le ocurre plantear en este canto lírico que el último paso, que es la muerte, debiera ser el último regreso, al seno de nuestra madre que nos dio inicio existencial. El seno del último paso debiera ser no el útero de la madre-tierra sino el útero de la madre-mujer que nos dio a luz. Es verdad que en el ocaso de la vida vamos adquiriendo la posición fetal. Solamente selecciono ráfagas de versos de este hermoso poema:
—Madre, no quisiera
que me hundan en la tierra cuando muera…
No vengo de la tierra…
Vengo de ti,
de la blanda carne maternal,
de la sangre amorosa y de tu llanto.
Vengo de tu inquietud,
de tus angustias,
de la inseguridad segura de tus días,
vengo de la verdad de tu existencia.
Ay, madre, qué será de mí
cuando ya no pueda
sostenerme en pie…
regrésame a tu vientre ya dormido,
con tus manos consuma mi esperanza,
y desnudo, pequeño e indefenso…
reclámame, recógeme y desnáceme. (p.37)
De la segunda sección, AZARES, selecciono el poema titulado “Alquimia”
Soy.
Estoy.
Vengo.
Voy.
¿No me ves?
Soy
la piedra que va al fondo.
Desciendo.
Mi sino: el otro extremo.
¿No me ves? Soy
la piedra que va al fondo.
El ser humano es como decía Heidegger, “el ser que piensa el ser”. El poeta lo dice con más elegancia: Soy… la piedra que va al fondo
En la tercera sección, titulada Figuraciones, escogí el último poema, “A ritmo de tambor”, que es verdadero canto al poeta y su poesía. Dice un fragmento:
Pulo, pulo mi verso
como a mi sable:
hasta que grite
o hasta que hable.

3. Preeminencia del tiempo

(Poemas 1983-1989)
Este tercer poemario de Leopoldo Minaya se inicia con 4 estudios preliminares sobre este texto, escritos por León David, Mariano Lebrón Saviñón, Danilo Lasossé y Carlos Cabrera.
El autor divide este poemario en 5 secciones, con un total de 115 poemas:
Primera Sección: Preeminencia del tiempo (14 poemas)
Segunda Sección: Círculos (15 poemas)
Tercera Sección: Decires, proverbios y donaires (59 poemas)
Cuarta Sección: Intimas humorosas (11 poemas)
Quinta Sección: Y otros poemas (16 poemas)
Por razones ya expresadas, me limito a un corto poema que aparece en la segunda sección (Círculos), titulado “Remembranza”. El poeta ejercita la memoria, recordando con maestría cómo a través de dos filas de estudiantes, se alimentaba clandestinamente la flecha de cupido en las dos puntas de dichas filas:
En las dos largas filas de escolares,
solemnes, al pie de la bandera,
tú la primera, yo el primero.
No supo nadie,
ni maestro ni alumno aprovechado,
ni el rígido inspector inspeccionando,
que anhelaban las filas encontrarse
en sus puntas.

4. Poemas imaginarios

Esta cuarta obra de Leopoldo Minaya, de 115 páginas, recoge en sus dos secciones un total de 32 poemas.
Primera Sección: El haz (16 poemas)
Segunda Sección: El Enves (16 poemas)
Por razones de brevedad, escogí de la primera sección, el primer poema, titulado “Los amantes”.

¿Quién desafía al guerrero invencible

colocado a la puerta de una muerte segura?

Los amantes.

Ellos paralizan estancias.

Bajo penumbra se eternizan secretos.

Abren el anochecer

y sus portales,

celebrando la fiesta del tacto en carne viva;

ellos ven sin hablar el levante de un astro
e invocan con afán la estación de las lluvias.

Como amantes,

como Dresde,

giramos destruidos,

destruidamente edificados,

vigorosamente consumidos,

enamoradamente enamorados…

El poeta ve en el amor la energía más poderosa del universo con que cuenta el ser humano, la cual es capaz de derribar todos los muros, superar todos los obstáculos y enfrentar todas las adversidades.

5. OSCILACION DE PENDULO (Poemas de adolescencia, 1977-1981).

Este poemario de 74 páginas recoge textos en verso como en prosa. Inicia con una salutación del poeta don Rodolfo Coiscou Weber. Esta obra recoge sus primeros poemas, escritos entre los 13 y 17 años de edad. Aparecen a la luz pública en 1982 y se publican formalmente en 1984. Esta obra presenta textos en prosa (3) y en versos (22).

6. Historia de la doncella que fue a la guerra.

Con esta obra comienzan los textos poéticos infantiles de Leopoldo Minaya, que son una verdadera exquisitez y un derroche de imaginación creadora. Pienso que a su formación jurídica hay que añadir su formación y experiencia pedagógica, así como su brillante vocación literaria, que lo convierte en un verdadero pilar de la poesía infantil en República Dominicana.
Este sexto texto, que también es subtitulado por el autor como “Canción de la niña de Portugal” o “Relato del amor y las batallas”, cuenta con 67 páginas y 17 apartados, editado en el año 2019, siendo una de varias obras de Leopoldo Minaya dedicadas a la literatura infantil.
Como bien señala el autor, “otras obras en el género infantil-juvenil: La canción de Angelina, Cuento de los dos quijotes, Historia del niño René Rosales y de la flauta encantada, Cantar de flor y sombrerito, Romance del pastorcillo, El tiempo niño y El conde niño. También Charada al pie de la luna, obra de teatro para niños” (texto que aparece en la semblanza del autor).

7. LA CANCION DE ANGELINA

Es un verdadero cuento poético, de bellísima textura y una brevedad que invita a degustar rápidamente. Como solamente recibí la portada y no el texto, me refiero in extenso a la pequeña reseña que hace la editorial Alfaguara:
“Angelina se ha extraviado. Nadie sabe de su paradero, parece que el viento se la llevó. Su padre, acompañado por todo el pueblo, se lanza a la incesante búsqueda de la niña por todos los parajes de la isla de Puerto Rico. El mar misterioso no dice nada, el lucero de la noche tampoco sabe… ¿Dónde estará? ¿Seguirá con vida? ¿La salvará un milagro? Quizá el coquí tenga la respuesta”.
Y agrega: “Este hermosísimo poema recrea una entrañable tradición puertorriqueña con gran imaginación, musicalidad y vuelo poético. Sus versos sencillos y sus deliciosas ilustraciones nos cuentan una historia de un pueblo noble y solidario”.

8. Historia del niño René Rosales y de la flauta encantada.

En apenas 52 páginas, Leopoldo Minaya nos recrea desde su fértil imaginación y adaptación infantil la historia de un niño y su flauta encantada. Divide la historia en 5 partes y un epílogo.
Pienso que estos textos de literatura infantil debieran ser asumidos por el Ministerio de Educación, para crear el hábito por la lectura y la literatura en las tiernas conciencias de nuestros niños.
Incluso, Leopoldo Minaya ha incursionado no solamente en la poesía infantil, sino también en el género de la fábula. Como bien dice un párrafo situado en su semblanza, “con El libro de la hormiga y Fabulilla de la isla de Santo Domingo y otras fábulas incursionó en el difícil manejo de personajes que propenden a la
crítica social”.

9. Cuento de los dos Quijotes.

Termino estas breves referencias a la literatura infantil de Leopoldo Minaya con este cuento donde el autor acerca a los niños al personaje más emblemático de la literatura española: Don Quijote.
Este cuento poético, trenzado en cuatro ágiles capítulos, pone a los niños a dialogar con don Quijote, por aquello que expresa el mismo autor de que “los quijotes tienen corazón de niño”.
El libro comienza con los siguientes versos:
Don Quijote a veces
Sale de los libros
Por tomar el aire
Claro del camino.
La idea del autor es que Don Quijote sale para soñar, como es también la idiosincrasia cultural y psicológica de los niños.

III
A manera de conclusión.
Al llegar al final de esta apretada síntesis de una obra creadora envidiable, es motivo para felicitar al autor, nuestro querido amigo Leopoldo Minaya, compañero de andanzas en el Movimiento Interiorista, porque cada vez que las musas le visitan, sabe sacar como el maestro del evangelio, del arcón o baúl de su prodigiosa memoria, cosas antiguas y cosas nuevas que recrean el espíritu y nos hacen contemplar con una nueva mirada todas las cosas.
Leopoldo Minaya es un gran observador, de mirada penetrante, acuciante, que nos hace contemplar tesoros por detrás de las palabras.
Agradezco finalmente a don Bruno Rosario Candelier, quien me motivó a hacer este rápido ensayo de esta obra poética, válida tanto para adultos como para niños, que llena de orgullo a la literatura dominicana.

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