Las barcazas del río Ozama: desarrollo energético con un alto costo ambiental

Por: Andrés Germán
Ojadiario domingo 3 de agosto 2025
Santo Domingo.
La instalación de barcazas en el río Ozama ha generado un amplio debate en la República Dominicana, donde se enfrentan dos necesidades esenciales: el suministro energético y la protección del medio ambiente. Estas plantas flotantes, utilizadas para generar electricidad, han sido vistas por algunos sectores como una solución temporal a la demanda energética del país. Sin embargo, ambientalistas, comunitarios y expertos advierten sobre los severos daños ecológicos que estas infraestructuras causan al ecosistema del río Ozama.
¿Qué son las barcazas energéticas?
Las barcazas son plantas eléctricas instaladas sobre plataformas flotantes que funcionan principalmente con combustibles fósiles como fuel oil o gas natural. Su uso en República Dominicana ha sido promovido por empresas privadas como una alternativa rápida para aportar energía al sistema eléctrico nacional, especialmente en momentos de déficit o apagones prolongados.
En el río Ozama, una de las principales arterias fluviales de Santo Domingo, se han instalado varias de estas barcazas, específicamente en las cercanías del Puerto de San Souci. Su presencia ha sido constante desde hace más de una década, generando controversia y protestas en distintas ocasiones.
Impacto ambiental en el río Ozama
El río Ozama ha sido por años uno de los cuerpos de agua más contaminados del país. La instalación de barcazas ha venido a sumar nuevas amenazas a su ya frágil estado ambiental:
– Vertido de residuos y aguas calientes: Las operaciones de estas plantas generan residuos líquidos y térmicos que se vierten al río, afectando la calidad del agua y alterando la temperatura del ecosistema acuático.
– Emisiones de gases contaminantes: Al operar con combustibles fósiles, las barcazas emiten grandes cantidades de dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y azufre, contribuyendo al calentamiento global y afectando la salud respiratoria de las comunidades cercanas.
– Ruido y contaminación visual: El ruido constante de los generadores y la estructura metálica de las barcazas rompen con la armonía del paisaje ribereño, afectando la biodiversidad y la calidad de vida de los residentes.
Reacciones y oposición
Grupos ecologistas como el Instituto de Abogados para la Protección del Medio Ambiente (INSAPROMA) y entidades como el Ministerio de Medio Ambiente han cuestionado la legalidad de estas instalaciones, señalando que violan normas ambientales y urbanísticas. También se han presentado denuncias por falta de estudios de impacto ambiental adecuados y consultas públicas.
En 2023, se vivió una de las mayores olas de rechazo cuando se intentó instalar una nueva barcaza sin previa aprobación ambiental. Organizaciones barriales y líderes comunitarios realizaron protestas, exigiendo la reubicación de estas infraestructuras y una mayor inversión en energías limpias.
Marco legal: Ley 64-00 sobre Medio Ambiente
La Ley General sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales No. 64-00 establece claramente que todo proyecto que pueda causar impactos significativos al medio ambiente debe someterse a un estudio de impacto ambiental previo. Según su Artículo 41, es obligación del Estado y los particulares conservar los recursos hídricos y proteger los ecosistemas acuáticos. Las instalaciones como las barcazas, por su naturaleza contaminante, requieren una licencia ambiental y una evaluación rigurosa que garantice la sostenibilidad de sus operaciones.
Además, el Artículo 8 de la misma ley consagra el derecho de toda persona a disfrutar de un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado, así como el deber del Estado de velar por su protección. Estos principios refuerzan las demandas ciudadanas por la preservación del río Ozama frente a actividades contaminantes.
¿Cuál es la salida?
El dilema energético-ambiental requiere soluciones sostenibles. Expertos recomiendan que el Estado dominicano invierta en energías renovables como la solar y eólica, y que se retire progresivamente el uso de barcazas en áreas urbanas y frágiles como el Ozama. Además, se demanda una mayor fiscalización y aplicación rigurosa de las leyes ambientales.
Conclusión
Las barcazas en el río Ozama representan una solución rápida a un problema energético estructural, pero a un alto costo ambiental y social. El desarrollo sostenible del país no puede construirse a expensas de sus ríos ni de su biodiversidad. La recuperación del Ozama, vital para la salud ambiental de Santo Domingo, requiere decisiones firmes, éticas y con visión de futuro.



