La paradoja de Brasil en la COP30: ¿líder climático o potencia petrolera?

Jueves, 20 de noviembre del 2025, por Isidro Valdez
El país anfitrión enfrenta cuestionamientos sobre coherencia y liderazgo climático.
BRASIL (BELÉM, PARÁ) – La COP30 avanza en su etapa final entre discursos ambiciosos, silencios e incómodos. el país de Brasil, anfitrión de la cumbre y aspirante declarado a liderar la acción climática global, enfrenta su paradoja más visible: promover acuerdos para abandonar los combustibles fósiles mientras continúa ampliando su propia frontera petrolera. La evidente contradicción no pasó desapercibida entre delegaciones, expertos y sociedad civil.
La ausencia del tema fósil en la agenda formal de la COP30 solo profundiza las grandes dudas sobre si realmente existe voluntad política para impulsar un debate que, guste o no, define la trayectoria climática del planeta. No se trata de un detalle técnico; es un síntoma de un problema mayor: la incapacidad de conciliar ambición climática con intereses energéticos tradicionales.
Brasil podría intentar incluir el asunto en la agenda de acción o incluso proponer una decisión de cobertura que marque una postura clara frente a más de 190 países. Sería un gesto valiente y necesario, pero hasta ahora no hay señales de que tal paso esté cerca. Y la falta de liderazgo visible deja a la COP30 navegando a contracorriente.

El contexto internacional tampoco ayuda. Con los Estados Unidos fuera del Acuerdo de París y Europa enfocada en su seguridad regional, el clima ha perdido espacio político en las grandes potencias. Pero precisamente por eso, es que Brasil tenía la oportunidad de ocupar ese vacío. Una oportunidad que corre el riesgo de desperdiciarse.
Lo que está en juego no es solo la credibilidad brasileña, sino la coherencia del proceso climático global. Brasil será juzgado no tanto por cuánto petróleo deje enterrado, sino por la claridad y consistencia con la que decida acelerar su transición hacia energías limpias. La ambición climática no puede ser un discurso vacío; debe ser una hoja de ruta con plazos, inversiones y compromisos medibles que se concreticé en acciones.
La COP30 podría haber sido el momento ideal para demostrar liderazgo real. Aún puede serlo. Pero para lograrlo, Brasil deberá elegir entre mantener una postura ambigua o asumir el rol que dice buscar: el de un país dispuesto a tomar decisiones difíciles en nombre del planeta. De lo contrario, esta cumbre corre el riesgo de recordarse más por lo que no se decidió que por lo que logró.



