
Martes 19 agosto de 2025, por Ana Mercedes De Oleo Ventura
Santo Domingo, R.D – La ética jurídica está definida como un conjunto de principios y valores que guían la conducta de los profesionales del derecho, asegurando que su actuación se oriente a la justicia y no al beneficio personal. En la República Dominicana, este compromiso se encuentra respaldado por la Ley 3-19 sobre el Colegio de Abogados y por códigos deontológicos que establecen deberes y responsabilidades. Sin embargo, la existencia de normas no garantiza por sí misma la integridad del ejercicio jurídico, pues la ética requiere convicción y coherencia en la práctica.
Ángel Ossorio, en su obra El alma de la toga, destaca que la abogacía es una función social que exige rectitud y dignidad. En capítulos como “Elogio de la cordialidad” y “El concepto arcaico”, el autor resalta que la cortesía, la honestidad y la lealtad no son adornos del abogado, sino exigencias inherentes a su labor. La toga, explica, simboliza no solo autoridad profesional, sino también autoridad moral, por lo que quien la viste debe ser ejemplo de integridad.
Uno de los principales retos éticos es la corrupción, que mina la confianza ciudadana en el sistema de justicia. Casos de sobornos, tráfico de influencias y parcialidad judicial han debilitado la credibilidad de la profesión y generado una percepción de impunidad. A esto se suma la presión política y económica sobre abogados y jueces, que pone en riesgo la independencia del criterio jurídico y la objetividad en la toma de decisiones.
Otro desafío relevante es la falta de una formación ética sólida y práctica. Aunque las universidades incluyen asignaturas de deontología, muchas veces el aprendizaje se limita a lo teórico, sin preparar a los futuros abogados para enfrentar dilemas reales. Además, el uso irresponsable de la tecnología.
Fortalecer la ética jurídica en la República Dominicana requiere más que sanciones. demanda un cambio cultural que eleve los estándares de integridad y compromiso. Como enseña El alma de la toga, la verdadera grandeza del abogado radica en defender la verdad y la justicia sin sacrificar sus principios. Solo así se podrá restaurar la confianza y garantizar que el derecho siga siendo un instrumento de equidad y no de privilegio.
“No hay lugar sagrado donde no se pueda defender el honor” Lic. Jorge Lizardo Vélez



