Opinión

La desertificación y la sequía: Un problema de todos

El 17 de junio se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Este día nos invita a reflexionar sobre la situación mundial actual de la desertificación y las sequias, y a concientizar sobre la importancia que tiene para todos los humanos combatir estas problemáticas y mitigarlas.

El agua por mucho tiempo se consideró como un recurso natural inagotable para todos los seres humanos, sin embargo, la ciencia nos confirma que, aunque la misma se pueda renovar, su adquisición es limitada comparada con otros recursos naturales disponibles.

Debido a la gran demanda a nivel mundial del recurso del agua y las desacertadas actitudes humanas como la deforestación, la agricultura y ganadería masiva y poco sostenible, han provocado que exista un desequilibrio en el ciclo del agua y la fertilidad de los suelos, que se traduce a una desertificación y sequia generalizada, y alteraciones como el cambio climático.

En palabras llanas, la desertificación es un proceso de degradación de los suelos que consiste en la perdida de fertilidad de la tierra volviéndola improductiva. Este suceso es resultante tanto de factores climáticos, como de actividades humanas.

Por su parte, la sequía es un fenómeno que se produce a falta de las precipitaciones en la atmosfera, lo que provoca que exista una falta de agua en la tierra. Esta situación desencadena varias consecuencias, entre las cuales podemos destacar la perdida de cultivos, la producción de enfermedades, escasez de alimentos, aumento de incendios, aumento de la pobreza, migraciones forzadas, pérdida de biodiversidad, conflictos mundiales, por mencionar algunas.

Según las Naciones Unidas, más de 24 millones de suelo fértil desaparecen cada año debido a la desertificación. Se estima que para el año 2025 dos tercios de la población mundial vivirán en condiciones de estrés hídrico, y para el año 2045 es probable que la desertificación sea responsable de la migración de 135 millones de personas en el mundo.

Los compromisos a nivel internacional se remontan hacia el año 1992, en la Cumbre de la Tierra de Rio, donde por primera vez se identifica a la desertificación como una problemática a combatir para lograr un desarrollo sostenible, y más adelante en 1994 se celebra la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación, convirtiéndose en el único acuerdo internacional legal que aborda el tema de la desertificación y la sequía.  Para el año 2015 se pactan los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), los cuales plantean en su Objetivo 15 combatir la desertificación enfocándose en utilizar prácticas amigables de los bosques.

Por otro lado, cabe mencionar que las comunidades que viven en tierras secas son las más propensas a vivir un sin número de vulnerabilidades sociales y pobreza extrema debido a la desertificación y las sequias; igualmente aquellas comunidades que dependen de los bosques para subsistir, como por ejemplo los pueblos indígenas.

Se entendería que legislar contra las prácticas que atenten a la desertificación y la sequía no es suficiente. Es crucial conocer las ventajas e inconvenientes de cada uno de los sistemas que nos abastecen de agua, alimento y energía.

Algunas soluciones que se pueden llegar a plantear frente a los fenómenos de la desertificación y la sequía podrían ser la intensificación de las actividades de conservación de suelos, fomentar la agricultura y ganadería sostenible, realizar procedimientos de forestación y reforestación, gestionar mejor el agua, regeneración de la cubierta vegetal o la realización de poda selectiva.

Debemos redoblar los esfuerzos por disminuir el consumo de agua y proteger la corteza vegetal de nuestro entorno para lograr un futuro resiliente y sostenible, es por ello que la participación individual y comunitaria será fundamental para lograr con estos objetivos.

En definitiva, llegar a la realización de que el suelo nos sostiene y nos alimenta permite que nuestras acciones en el diario vivir y nuestras decisiones puedan ser más sostenibles y amigables al medio ambiente. Estas acciones determinan el futuro que queremos para el planeta e impactaran de manera positiva o negativa a los recursos naturales.

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